lunes, 29 de diciembre de 2014

Reseña de "Ciudad Esmeralda", de Síndrome Moscow

La banda valenciana Síndrome Moscow publicaron a mediados de año su segundo disco, Ciudad Esmeralda, un trabajo de diez canciones que ha sido grabado y producido por Juan de Dios Martín. El videoclip del primer single tuvo una muy buena acogida por parte del público y la prensa. Hoy analizamos el disco completo.

El disco lo abre Ciudad Esmeralda, un tema pop rock con muchísima energía y guitarras frescas, salvajes. ¿Qué mejor manera de empezar el disco que con este perfecto single? 

Enseguida suena Si mañana no me levanto, más tranquila, más acústica, un tema de amor que suena a hit pop rock. Y es que con el estribillo de este tema han conseguido superar a muchas bandas que llenan estadios. 

Ella tiene una melodía pop con una base de acordes acústicos y un fraseo de la guitarra de Miguel genial para un tema tranquilo, dulce y melodioso.

Más rock es De borrachera, pero un rock que recuerda a temas ya clásicos españoles de los años 90. Un tema con mucho gancho.

Besos suicidas es una de mis canciones favoritas del disco, con una letra preciosa, con unas guitarras mágicas y que ya quisieran muchas estrellas de la actualidad haber grabado este tema. Es el segundo single del disco y tiene videoclip. Mirad:



Con muchísima energía suena Reconstrucción, un tema cargado de motivación que habla de superación y de ver las cosas con los ojos de la realidad. Pop rock en estado puro.

Los sintetizadores nos traen Lejos del fuego. Entran la voz de Aleks y las guitarras de Miguel y hacen un tema que sigue en la línea más enérgica del disco.

Cicatrices trae la calma después de la tormenta. Una canción de recuerdo y melodrama que musicalmente sabe transmitir lo que las letras cuentan. Aunque se trate de una canción más triste no deja de tener energía, aunque se trata en efecto de un tema más oscuro y menos happy.

Del mismo rollo es Sur, otro tema más tranquilo que la línea general del disco, una balada rock con un sonido muy especial gracias a los fraseos de guitarra y los arpegios que se escuchan a lo largo de toda la canción. Y el solo de guitarra del puente es una pasada.

El bajo cobra protagonismo en Rubicón, el décimo tema del disco, una canción que aúna la energía y la tranquilidad que hemos estado alternando en todo el disco. 

Pero el disco no termina aquí, ya que tenemos un bonus track, la versión de radio de Besos suicidas, más corta que la original (que es de casi cinco minutos y medio). Y así sí que se acaba el disco, y se acaba bien, con la certeza de que hemos encontrado al grupo que queríamos escuchar. 

Si estos chicos no saben hacer temazos pop rock que alguien me lo diga, porque a mí me parece que lo que no saben es dejar de hacerlo. 

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